EL SAXO Y MI VOLKSWAGEN

Noticias y Eventos | 11 de Agosto de 2014

Desde los 17, cuando sacó el registro, la vida de Sergio Ortega fue itinerante. Primero Argentina y después Brasil, formó su familia e hizo miles de recorridos. Desde el 2008, es un fiel usuario de uno de los productos más exitosos de Volkswagen Camiones: el Volkswagen Worker 17.220. ¿Su otra pasión? La música, por ello lleva a todos lados un saxo con el que ameniza los tiempos libres de su tarea cotidiana.

Después de desandar durante dos décadas las rutas de nuestro país y de Brasil, Sergio Ortega (37) asegura que “ser camionero” es su vida, y que “no podría hacer otra cosa”. Alentado por sus parientes, especialmente por un tío que hacía transportes, Sergio comenzó a mamar esta pasión desde temprano. “Estoy entre el volante y el asiento desde hace 20 años. Sólo una vez me quise bajar y tuve que volver. Me encanta estar en la calle, en la ruta, con la gente”, destaca el propietario y conductor de un Volkswagen Worker 17.220.

A pesar de sus años de servicio, el camión se luce por un gran estado general. Y la clave está en los sentimientos que Ortega tiene por su herramienta de trabajo: “Es como mi hijo, lo tengo desde 2008, lo compré 0km. Forma parte de mi vida, después de muchos años arriba, nos conocemos. Lo quiero y cuido igual que a un hijo”, confiesa.

Para Sergio, el Volkswagen Worker 17.220 tiene características que desde su óptica lo hacen declarar que, “por ahora, no lo cambio por nada”. “Lo elegí después de probarlo un tiempo. Me di cuenta de sus bondades cuando me baje de él, durante un mes. Volví a subirme al Worker por su posición de manejo, una suspensión más blanda y confortable, y una buena potencia para lo que hago (transporte de autopartes). Además, es un camión noble que te permite arreglártelas desde la mecánica. La caja que tiene lo hace ágil de abajo, es más ligero respecto a otros camiones, tiene un buen régimen -por lo que consume menos- y no hace falta forzarlo. Lo anduve con la configuración 2+1 a carga completa, ¡y el consumo fue excelente! Lo “caminé” por muchos lados y siempre me trajo satisfacciones”.

Incansable trabajador, Sergio Ortega pasa buena parte de la semana en la cabina de su VW. De lunes a sábado, el camión es su segunda casa. Y allí, en sus tiempos libres, disfruta de su otra pasión: la música. Desde hace un año, cuando compró un saxo del año 1978 y empezó a tomar clases, su estadía en las áreas de cargas y descargas de las empresas para las que trabaja, no pasa desapercibida.

“La música es una pasión desde chico y siempre quise aprender a tocar algo. Por eso, ahora que tengo más tiempo libre, me compre el saxo que se convirtió en mi segunda pasión después del camión. No me puedo separar de ellos. Mis compañeros me hacen bromas porque cuando vamos al comedor llevo el camión hasta la puerta. ¡Ni loco lo dejo a tres o cuatro cuadras! Tiene que estar ahí, a mi vista, siempre cerca. Incluso, en mi casa, en Avellaneda, lo estaciono debajo de la ventana de mi habitación. Una obsesión que a veces trae algún problema”, cuenta sobre sus berrinches.

Hoy, Sergio toca para sus compañeros, los que disfrutan de su progreso después de aguantar los primeros acordes desafinados. Ahora, con él más avanzado en la materia, otros se animan también a sacar la guitarra o la trompeta. “Somos todos camioneros, nos juntamos y así pasamos el rato”. De todos modos, el saxo y la interpretación de distintas melodías tienen un efecto especial en Sergio.

“Es una compañía terrible. Es una descarga para mí ante tanto trajín, responsabilidades y nervios que genera la tarea diaria. Termina siendo un psicólogo para mí. Por eso, cuando puedo, me quedo sentado en el camión y me pongo a tocar. Estamos ahí los tres: el saxo, el camión y yo”.

Agradecido por el apoyo de su familia, la que formó en uno de esos tantos viajes a Brasil, confiesa que “cuando les dije lo del saxo, se rieron. Pero ahora les gusta, porque tomé clases y progresé. Para mí, es una forma de inculcarles la música también a ellos”, dice el orgulloso padre de cinco hijos.

Ya sin más tiempo para tocar otra pieza y volver al mando de su camión, Sergio deja su último mensaje, especialmente para sus colegas: “Elijan un Volkswagen Worker 17.220 porque es una buena máquina”.

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